Debido al tamaño, al precio de lanzamiento y a que en esta generación no existe una variante del dispositivo con pantalla plana, consideramos que el Galaxy S8 es la evolución natural del Galaxy S7 edge.
En un principio, cualquiera apostaría su dinero a que la nueva
generación es considerablemente superior a la anterior, sobre todo
teniendo en cuenta los antecedentes de la compañía. Pero, ¿realmente es
así? A continuación comparamos punto por punto los aspectos más
relevantes, y veremos si realmente merece la pena pagar más por el nuevo
terminal estrella coreano.
Diseño

Para muchos, el Samsung Galaxy S7 edge fue uno de los smartphones mejor diseñados de la historia.
Sin embargo, Samsung, que no se conforma con poco precisamente, ha
decidido ir un paso más allá, y mejorar una apariencia que ya parecía
perfecto, reduciendo al máximo los marcos de pantalla del nuevo Galaxy S8, y por ende, su cuerpo al completo, ofreciendo así una pantalla de gran tamaño en un cuerpo sorprendentemente compacto.
Aunque para muchos usuarios el del diseño es un punto clave a la hora de elegir dispositivo,
puede que, para la mayoría, una apariencia física más cuidada y
futurista no sea suficiente incentivo para justificar el desembolso de
la diferencia de precio entre un dispositivo y otro.
Cámaras

No miento si digo que el Samsung Galaxy S7 edge fue el mayor
exponente en cuanto a fotografía móvil del pasado año 2016 –al menos
hasta la llegada del Pixel de Google–. Quizá ese sea el motivo por el
que Samsung ha decidido utilizar un hardware prácticamente calcado en la cámara principal del nuevo Samsung Galaxy S8. Sobre el papel, ambos sensores fotográficos son idénticos, pero las
pruebas que hemos podido realizar no están de acuerdo con estas
afirmaciones. Aunque las imágenes tomadas guardan bastantes similitudes,
lo cierto es que las diferencias son bastante notables en ciertas
situaciones. Mientras que el S7 edge tiende a sobreexponer en las
capturas con iluminación intensa de fondo, el Galaxy S8 es capaz de limitar esta sobreexposición, ofreciendo un resultado algo más acertado, aunque con alguna que otra sombra en las partes más oscuras de la fotografía. Por otra parte, la cámara del Galaxy S8 parece capturar imágenes con
colores más fríos, mientras que el S7 edge prefiere los tonos cálidos.
En definitiva, todo apunta a que las modificaciones a nivel de software
llevadas a cabo por la compañía han servido para ofrecer resultados con
una mayor nitidez y detalle en la mayoría de situaciones, superando un aspecto que parecía insuprerable. Lo mismo sucede en el apartado del vídeo. Aunque las diferencias son
mínimas, los cambios son lo suficientemente notables para afirmar que la cámara del Samsung Galaxy S8 está un paso por encima de la de su predecesor. Donde sí vamos a encontrar diferencias importantes será en el apartado del selfie.
El paso de 5 a 8 megapíxeles entre una generación y otra, ha servido
para ofrecer resultados más nítidos, con texturas más acertadas y
colores más reales. En este caso, el Galaxy S8 sí ofrece un salto de calidad notable.
Rendimiento

Llega el momento de dejar a un lado los benchmarks y comparar si realmente el Samsung Galaxy S8 es más rápido que el S7 edge. ¿El resultado? Sí, lo es, pero probablemente no lo suficiente como para justificar los 310 euros de diferencia entre uno y otro terminal. Por otra parte, las actualizaciones que el Galaxy S7 edge ha ido recibiendo con el paso del tiempo, se traducen en una mejor optimización del software si lo comparamos con la nueva capa de personalización introducida en el Galaxy S8, ya que esta cuenta con algún que otro error que Samsung tendrá que subsanar con futuras versiones. La batería es otro de los aspectos más criticados en esta nueva
generación. La diferencia entre los 3.500 mAh del Galaxy S7 edge y los
3.000 mAh del Galaxy S8 debería ser decisiva, aunque lo cierto es que,
tras varios días de pruebas, no hemos encontrado demasiadas evidencias de superioridad entre uno y otro dispositivo.
Aunque no lo parezca, la eficiencia y optimización de un hardware
actualizado pueden llegar a hacer maravillas con una batería de tamaño
relativamente reducido.
Conclusión
Como siempre, decidir si merece la pena dar el salto de una generación a otra, dependerá de las preferencias de cada usuario. En mi opinión, y teniendo en cuenta el precio al que se puede conseguir a día de hoy el Galaxy S7 edge, no merece la pena pagar los 300 euros de diferencia que cuesta el nuevo Galaxy S8. Sí, puede que el Samsung Galaxy S8 sea el mejor smartphone disponible en el mercado a día de hoy.
Sin embargo, muchas personas –entre las que me incluyo– necesitan algo
más que un diseño bonito y un procesador ligeramente más potente para
justificar la compra del nuevo terminal coreano.
Ahora nos gustaría conocer tu opinión, ¿crees que merece la pena comprar elegir el Samsung Galaxy S8 por encima del Galaxy S7 edge?
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